El regalo más grande que puedes ofrecer a un ser querido que partió. Rezar por nuestros difuntos es un acto de amor que no termina con la despedida. La Iglesia nos enseña que no hay oración más poderosa por un alma que la Santa Misa. Tú escribes el nombre de tu ser querido, y un sacerdote misionero ofrecerá la Eucaristía por su eterno descanso desde una comunidad que vive su fe en medio de la persecución. El 100% de tu donativo es entregado a los misioneros.
FOTO: El padre Juan Taipé, de 28 años, celebrando la misa en el cementerio de Sayangara el Día de los Difuntos. La misa se celebró a una altitud de 3.951 metros en los Andes peruanos. ©ACN
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