Mientras las guerras continúan, Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) sigue apoyando la educación cristiana en todo Oriente Medio. Mantener las escuelas abiertas es clave para preservar las comunidades cristianas en toda la región.
Septiembre marca el regreso a las aulas en gran parte del hemisferio norte. Sin embargo, en muchas regiones, incluido Oriente Medio, el inicio del curso escolar está marcado por dificultades cada vez mayores.
La presencia de instituciones cristianas, especialmente de las escuelas, es fundamental para mantener la estabilidad de las comunidades cristianas en un Medio Oriente donde siguen predominando la incertidumbre y los conflictos. La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ayuda desde hace años a las escuelas de toda la región a mantenerse en funcionamiento en medio de estas crisis.
En Tierra Santa, Siria y el Líbano, ACN ayuda a más de 15,000 estudiantes a continuar sus estudios en más de 200 escuelas cristianas. Al mismo tiempo, cerca de 2,500 profesores reciben apoyo financiero de la fundación.
La gran mayoría de estos centros educativos no solo atienden a alumnos cristianos, sino también a miembros de otras religiones. En muchos casos constituyen el único espacio educativo que promueve activamente la convivencia y la tolerancia, prestando así un servicio fundamental a toda la sociedad.
Cinco años de apoyo a las escuelas libanesas
El Líbano es el país que recibe el mayor apoyo de ACN para sus escuelas. En 2021, este pequeño país atravesaba una grave crisis financiera tras el colapso del sistema bancario. Muchas familias perdieron sus ahorros y ya no podían permitirse pagar las matrículas escolares de sus hijos.
Para ayudar a evitar el colapso de todo el sistema educativo, ACN intervino financiando las matrículas de cerca de 13,500 alumnos y los salarios de más de 1,000 profesores en alrededor de 170 escuelas.
Por aquel entonces, Marielle Boutros, coordinadora de los proyectos de ACN en el Líbano, ya temía que la situación pudiera empeorar, aunque nunca imaginó hasta qué punto.
«La situación hace cinco años era realmente muy mala, y teníamos pocas esperanzas para el futuro. Si nos hubieran preguntado cómo estarían las cosas cinco años después, habríamos respondido que no lo sabíamos. Sin embargo, no imaginábamos que la situación empeoraría tanto», explica.
Durante este tiempo, el Líbano ha sufrido dos guerras, con ataques aéreos israelíes en distintas partes del país e incluso una invasión del sur. «En 2024 hubo desplazamientos de población y, en el sur del Líbano, la gente ya no podía pagar las matrículas escolares; muchos además perdieron el acceso a sus tierras agrícolas. Pero la guerra de 2026 ha sido peor, porque algunos daños son irreparables. No es que la gente no tenga acceso a sus tierras, es que no queda nada a lo que regresar» afirma Boutros.
Naturalmente, la situación también ha afectado a las escuelas. «Algunas han seguido impartiendo clases en línea y otras han reabierto tras el alto el fuego. Pero las que están en zonas más peligrosas no se arriesgan, porque los ataques aéreos continúan en el sur. Y también hay escuelas que ya no tienen alumnos, porque las familias se han marchado y están dispersas por todo el país» señala la coordinadora de proyectos de ACN en el país.
En este contexto, el apoyo de ACN a las escuelas es más importante que nunca. «Seguimos en una situación de guerra y nadie sabe qué va a pasar. Si eres padre o madre, incluso en una zona relativamente segura, no vas a gastar el poco dinero que tienes en matrículas escolares cuando no estás seguro de poder alimentar a tu familia. Además, están las escuelas de las zonas afectadas. Hay que seguir pagando a los profesores para mantener su vínculo con los centros y evitar perderlos, porque debido a la emigración ya no disponemos del mismo número de docentes cualificados que antes», añade Marielle Boutros.
Boutros también supervisa los proyectos de ACN en Siria, donde, según explica, la situación sigue siendo «estable», aunque no en un sentido positivo: «La sensación general en Siria es de incertidumbre, y la incertidumbre se ha convertido en la nueva estabilidad. Todavía no se ha traducido ni en avances positivos ni en un empeoramiento claro. Pero la situación económica sigue siendo muy mala y es importante comprender que Siria aún no ha salido de la crisis», afirma Marielle Boutros.
Presión estatal
La situación de las escuelas en Tierra Santa también es especialmente delicada en estos momentos. Las escuelas cristianas de Jerusalén Este, por ejemplo, han sufrido una fuerte presión por parte del Gobierno israelí. En enero se aprobó una ley que prohíbe que nuevos profesores titulados en universidades de Cisjordania enseñen en escuelas de Israel.
Más recientemente, decenas de profesores residentes en Cisjordania no vieron renovados sus permisos para entrar en Israel. Las escuelas cristianas en Israel declararon huelga, lo que llevó al Gobierno a rectificar y renovar los permisos, aunque en algunos casos únicamente por unas pocas semanas.
Las Iglesias cristianas de Tierra Santa cuentan con una sólida red educativa que, con frecuencia, también atiende a estudiantes musulmanes. El Patriarcado Latino de Jerusalén, por ejemplo, administra 43 escuelas y 35 jardines de infancia, incluidos 12 centros en Palestina, 24 en Jordania y 6 en Israel, que atienden a unos 20,000 estudiantes, entre ellos 6,000 en Cisjordania y Gaza. El apoyo de ACN se dirige especialmente a los miembros más pobres de la comunidad cristiana, para que puedan acceder a una educación de calidad que también les ayude a conservar sus valores religiosos.
Entre 2025 y 2026, Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) ha destinado alrededor de 2.6 millones de euros en apoyo a escuelas y proyectos educativos en el Líbano, Siria y Palestina. El Líbano recibió la mayor parte de esta ayuda, con casi 1.6 millones de euros, mientras que alrededor de 585,000 euros se asignaron a Siria, principalmente para apoyo de emergencia a las escuelas y material escolar. Otros 420,000 euros se destinaron a Tierra Santa.
– Filipe d’Avillez

