Líbano. “Esta no es una guerra justa, es una derrota para todos nosotros”

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Mons. Jules Boutros, obispo del Líbano, ha explicado a ACN que, aunque los ataques israelíes supuestamente van dirigidos contra Hezbolá, en realidad afectan a toda la población libanesa.


Mientras Israel continúa bombardeando diversos puntos del país, este joven obispo libanés ha afirmado ante la fundación católica Aid to the Church in Need que la situación en esta pequeña nación sólo puede describirse como catastrófica.

Desde Beirut, el obispo siro-católico Jules Boutros, de 43 años, cuestiona la idea de que las fuerzas armadas israelíes estén atacando únicamente objetivos vinculados a la milicia Hezbolá, respaldada por Irán.

“Recientemente hemos sufrido dos ataques contra hoteles en Beirut, uno de ellos en un barrio mayoritariamente cristiano. Por supuesto, cualquiera puede alojarse en un hotel. Yo no puedo saber si un militante de Hezbolá ha alquilado el apartamento de arriba, o si algún ciudadano libanés alquiló una vivienda y luego se la cedió a un iraní. Esta preocupación afecta a cualquier libanés que viva en un edificio de apartamentos o en un gran barrio densamente poblado. El riesgo está en todas partes”.

Líbano, 11 de marzo de 2026. Funeral del padre Pierre Al-Rai, sur del Líbano. POR FAVOR, UTILICE ESTE MATERIAL ÚNICAMENTE CON LA CERTIGIA DE: L'Oeuvre d'Orient

“Esta misma mañana estuve en la zona del puerto, donde el Santo Padre celebró una misa por la paz, con la participación no sólo de cristianos, sino de libaneses de toda procedencia. Y ahora, apenas tres meses después, tenemos más de un millón de desplazados”, se lamenta.

Sin embargo, las situaciones más dramáticas se viven en las zonas próximas a la frontera con Israel. “Han atacado pueblos cristianos en el sur, e incluso han matado a un sacerdote, el padre Pierre El-Raï. Puede que hayan atacado alguno de esos pueblos porque una familia chií fue acogida en una casa, o porque pasó por allí un militante de Hezbolá. Pero la realidad es que atacan a cualquiera, en cualquier lugar. No podemos decir que exista un lugar seguro en el Líbano”.

Gran parte de la población del sur ha huido, aunque algunos cristianos han insistido en quedarse. “Han vaciado todo el sur del Líbano. Hablamos de cientos de pueblos. Esto también me toca personalmente, porque mi familia tiene una casa allí y mi madre procede de un pueblo cristiano de esa zona. Hasta ahora no se han visto obligados a huir, pero esa casa para nosotros significa muchísimo, porque allí están todos nuestros recuerdos. Quienes se han marchado no saben si podrán volver algún día, y eso es devastador.

Estamos profundamente unidos a nuestra tierra. Nuestros antepasados construyeron esas casas, las cuidaron, plantaron los olivos… y todo eso está ahora en peligro”, afirma Mons. Jules Boutros.

Preguntado por si la guerra ha provocado una mayor división entre las distintas comunidades religiosas del país o, por el contrario, las ha acercado, el obispo responde que ambas cosas. “Antes era impensable escuchar críticas a Hezbolá desde la propia comunidad chií, pero ahora eso está ocurriendo. Hace poco preguntaron al muftí de la comunidad chií si abriría los edificios religiosos para acoger a refugiados, y respondió que no, que esa era responsabilidad del Gobierno. Eso provocó una fuerte reacción, especialmente entre chiíes, que señalaron que los cristianos sí han abierto sus iglesias y conventos”.

“Mientras tanto, las comunidades suní, drusa y cristiana están unidas en su rechazo a esta guerra”, añade. “No queremos la guerra. Si existen problemas con Israel, deben resolverse mediante la negociación. No queremos luchar”, explica el obispo a ACN.

En lo que respecta a la atención a los desplazados, los cristianos han desempeñado un papel especialmente activo. Diócesis de todo el país han abierto las puertas de iglesias, monasterios y otros edificios eclesiales para acoger a quienes han tenido que abandonar sus hogares.

En muchos casos, sin embargo, la capacidad de respuesta está al límite y las necesidades son muy diversas. “Algunos necesitan combustible para los generadores; otros, apoyo psicoespiritual; otros, lavadoras para poder lavar la ropa de los desplazados; otros televisores; algunos nos han pedido ayuda para facilitar el acceso a Internet; otros, un horno para cocinar”.

También hay numerosas familias que han acogido a parientes en sus casas y que, por ello, quedan fuera de los canales oficiales de ayuda. “Un sacerdote de Tiro está en contacto con unas 120 familias del sur y nos decía que la única y mejor manera de ayudarlas es con dinero, porque es demasiado peligroso visitarlas en persona para llevarles ayuda material. Incluso el nuncio apostólico, que visitó recientemente el sur con motivo del funeral del padre Pierre El-Raï, tuvo que desplazarse en un convoy armado, con escolta de tanques”.

ACN lleva varios años apoyando a la Iglesia en el Líbano y sigue de cerca la evolución de la situación a través de su personal sobre el terreno, con el fin de responder a las necesidades más urgentes.

“Desde el Líbano queremos dar las gracias a ACN por su generosidad, por todo lo que han hecho para ayudar a nuestros niños, a nuestras familias, especialmente a los desplazados y refugiados en estos tiempos de guerra y miedo”, dice Mons. Jules. Y añade: “¡Pero seguimos necesitando más! Mientras sigamos ayudando a nuestros desplazados, a los niños, a los ancianos y a las personas con discapacidad, incluso el donativo más pequeño significa muchísimo para muchos”.

Hoy, miles de familias en el Líbano siguen enfrentando el miedo, el desplazamiento y la incertidumbre, sostenidas únicamente por la fe y la solidaridad de quienes no los olvidan. Tu ayuda puede llevar esperanza concreta a quienes más lo necesitan. Súmate a esta misión y dona aquí: https://donativo.acn-mexico.org