Otra guerra en Tierra Santa. «Nunca habíamos vivido algo así», dicen los cristianos

Ante un nuevo golpe a la estabilidad de la región, muchos cristianos de Tierra Santa sienten que ha llegado la hora de marcharse. Sin embargo, la misión de la Iglesia permanece intacta: llevar esperanza y dignidad a las personas en su vida cotidiana.

El director de la Oficina de Desarrollo del Patriarcado Latino de Jerusalén (LPJ), George Akroush, se encontraba en Múnich cuando Israel y Estados Unidos iniciaron la reciente guerra contra Irán.

Con todos los vuelos a Israel cancelados a causa de las represalias iraníes, Akroush emprendió un agotador viaje de 32 horas: de Múnich a Atenas, luego a El Cairo y, desde allí, por tierra hasta Taba, también en Egipto. Allí, junto con miles de personas, subió a los autobuses dispuestos por el Gobierno israelí con destino al aeropuerto Ben Gurión.

«Fue una experiencia realmente agotadora y aterradora, porque cuando llegamos a la estación del aeropuerto Ben Gurión, volvieron a sonar las sirenas y estábamos en uno de los lugares con más riesgo de Israel», cuenta Akroush en una entrevista con la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN).

Finalmente logró regresar a Jerusalén, donde su esposa y sus hijos habían pasado tres días soportando el sonido incesante de las sirenas antiaéreas. «Intento aparentar delante de los niños que no tengo miedo, pero ésta ha sido la peor experiencia de toda mi vida. Nunca habíamos vivido nada parecido», afirma Akroush, un hombre que ha sufrido en primera persona 14 guerras en Tierra Santa.

Las represalias iraníes contra Israel han trastornado la vida de todos los habitantes, incluida la antigua comunidad cristiana. Los residentes de Jerusalén y sus alrededores viven bajo la amenaza constante tanto de los misiles como de la metralla de los interceptores lanzados para destruirlos. El jueves por la mañana, metralla cayó sobre la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde existen muchas iglesias, conventos y otros lugares santos, incluida la sede del Patriarcado Latino. 

Un misil que impactó en la ciudad sureña de Beerseba dañó numerosos apartamentos, entre ellos el de una familia cristiana, según informó a ACN el Vicariato de Santiago para los católicos de lengua hebrea.

Más al norte, las regiones de Haifa y Galilea están al alcance de los cohetes lanzados por las milicias aliadas de Irán desde el sur del Líbano. La amarga ironía es que muchas de las aldeas más cercanas a la frontera, a ambos lados, son cristianas.

Ayuda humanitaria interrumpida

Entretanto, la guerra ha provocado el cierre de los pasos fronterizos entre Cisjordania e Israel. «Antes, 180 000 palestinos de Cisjordania tenían permiso para trabajar en Israel. Tras los atentados del 7 de octubre de 2023, esa cifra se redujo a 15 000. Por desgracia, ahora incluso esas personas han perdido su medio de vida, entre ellas profesores y personal de apoyo de las escuelas cristianas de Jerusalén. Es un desafío enorme para nosotros, porque el 40 % de nuestros docentes y empleados de apoyo altamente cualificados llegan cada día desde Cisjordania», explica George Akroush a ACN.

Oficialmente, las autoridades israelíes alegan que no cuentan con suficiente personal para gestionar los puestos de control. Sin embargo, muchos cristianos ven en eso una simple excusa. «En mi opinión, esto parece un pretexto para aumentar la presión sobre las comunidades palestinas, porque vemos a soldados israelíes entrando a diario a Cisjordania, e incluso se les ha grabado apoyando ataques de colonos contra pueblos y ciudades palestinas. Están presentes en toda Cisjordania, pero cuando se trata de facilitar el acceso, dicen que no tienen recursos humanos suficientes», annade Akroush.

Según el director de la Oficina de Desarrollo del LPJ, La misma lógica se ha aplicado en Gaza, donde, pese al bienvenido alto el fuego, toda la ayuda humanitaria urgente quedó bloqueada cuando comenzó la guerra con Irán: «Desde el sábado 7 de marzo no ha entrado a Gaza ni un solo cargamento humanitario: ni medicamentos, ni repuestos para hospitales, ni siquiera antibióticos. Estamos haciendo todo lo posible por ayudar al único hospital cristiano de la zona, situado muy cerca del recinto católico, pero todos los canales de comunicación que el Patriarcado Latino mantenía con las autoridades han sido cerrados. Nos dicen que todo el mundo está volcado en la guerra».

Esta situación ha obligado al LPJ a replantearse su proyecto más reciente: la reapertura de una de las escuelas cristianas de Gaza. «Estábamos a punto de anunciar que habíamos decidido reabrir la escuela, primero para 400 alumnos, luego para 600 y finalmente para 1.000. Pero con esta guerra ya no sabemos si podremos seguir adelante con ese plan».

Vencer la desesperación

Con el cese de los combates en Gaza y gracias a las iniciativas impulsadas por el LPJ, unas 300 personas han podido abandonar el recinto católico donde habían encontrado refugio durante más de dos años. Sin embargo, alrededor de 200 siguen viviendo allí, además de unas 50 personas con necesidades especiales atendidas por las Misioneras de la Caridad. «Su Beatitud el Patriarca Pizzaballa nos ha asegurado que la Iglesia nunca abandonará a las comunidades más vulnerables», explica George Akroush a ACN.

El LPJ mantiene su compromiso de apoyar a los cristianos de toda Tierra Santa y continúa dando empleo a muchas personas en las regiones bajo su cuidado, entre ellas 60 en Gaza. Pero en una zona donde gran parte de los cristianos depende directa o indirectamente del turismo, la perspectiva de una guerra prolongada con Irán resulta difícil de soportar. «Los cristianos que habían invertido en el sector turístico y hotelero están empezando a desesperarse. Parecía que todo empezaba a recuperarse: teníamos cinco o seis grupos grandes e importantes previstos para las próximas semanas. Pero si la guerra continúa, todos tendrán que cancelar».

«Muchos esperan ir a Jordania y desde allí solicitar el traslado a algún país europeo u occidental. Incluso quienes creen que aún no están preparados para emigrar están tratando de conseguir la documentación que les permita salir».

Y, sin embargo, sigue habiendo vida en el hogar. ACN ha estado apoyando al LPJ en muchos proyectos durante varios años, especialmente desde el inicio de la última crisis, concretamente a través de asistencia de emergencia, programas de creación de empleo, paquetes de alimentos y otros. George Akroush recuerda que «el patriarca Pizzaballa suele describir la misión de la Iglesia en estos tiempos difíciles como un martillo neumático que golpea lenta y persistentemente la roca dura hasta que empieza a resquebrajarse. Cada servicio prestado, cada puesto de trabajo creado, cada niño que vuelve a la escuela y cada familia acompañada representan una nueva grieta en la roca de la desesperación».

Tú puedes ayudar en https://donativo.acn-mexico.org/page/ayudatierrasanta

Hoy, más que nunca, nuestros hermanos y hermanas de Tierra Santa necesitan saber que no están solos. Con tu oración y tu ayuda, es posible sostener a estas familias, fortalecer su esperanza y ayudar a que la presencia cristiana siga viva en la tierra de Jesús.

palestinos, Taybeh
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