A mediados de abril, Argelia recibirá por primera vez a un papa en su territorio. León XIV, religioso agustino, visitará Argel e Hipona -nombre histórico de Annaba- siguiendo los pasos de san Agustín.
En esta entrevista con Ayuda a la Iglesia Necesitada, el obispo Michel Jean-Paul Guillaud de Constantine-Hippo habla sobre las expectativas de la iglesia respecto a la visita y cómo esta perdura en la nación de mayoría musulmana de Argelia.
ACN: ¿Cómo han recibido los argelinos el anuncio de la visita del papa León XIV?
Mons. Guillaud: Ante todo, esto supone una gran alegría y aliento. Y aunque el norte de África haya dado tres papas a la Iglesia antigua —Víctor, Melquíades y Gelasio—, esta es la primera visita de un papa a Argelia.
Para nosotros, los cristianos, es algo desorbitado si lo comparamos con la modestia de nuestra Iglesia, pero es una enorme gracia. Ya ha venido dos veces como prior de la orden de San Agustín, concretamente para un coloquio sobre san Agustín y con ocasión de la restauración de la basílica. Esta vez vendrá a encontrarse con el pueblo argelino. Es algo muy hermoso.
Mucha gente me dice que espera con impaciencia esta visita. Desde su elección, cuando el santo padre dijo ser “hijo de san Agustín”, toda Argelia se estremeció. Algunos pensaron primero en una filiación geográfica, pero luego comprendieron que se trataba de una filiación espiritual. Dedicar dos días al norte de África, en un país de mayoría musulmana, ya es un signo fuerte.
También existe la sensación de que el papa no solo trabaja para los católicos, sino que está al servicio de la humanidad.
ACN: ¿Qué lugar ocupa hoy san Agustín en Argelia?
Mons. Guillaud: Tras la independencia, la herencia de san Agustín no fue realmente resaltada, pero las cosas cambiaron sobre todo a partir del coloquio de 2003, organizado por el Alto Consejo Islámico en colaboración con la Universidad de Friburgo. Dicho coloquio, titulado ‘San Agustín, su africanidad y su universalidad’, marcó un punto de inflexión. Argelia reconoció entonces a san Agustín como uno de los suyos. Posteriormente a este coloquio le siguieron otros y aparecieron publicaciones al respecto.
En la actualidad, decenas de miles de visitantes acuden cada año a la basílica de san Agustín de Annaba, de los cuales el 99 % son musulmanes. El Estado ha contribuido a su restauración; es un patrimonio común.
Nosotros organizamos cada año, en torno a la fecha de su nacimiento, el 13 de noviembre, unas jornadas agustinianas. Con conferencias, obras de teatro, intervenciones de autores cristianos y musulmanes, intentamos darlo a conocer mejor.
ACN: ¿Cómo ha evolucionado el panorama cristiano desde su llegada?
Mons. Guillaud: Tras la independencia, la Iglesia se redujo considerablemente con la marcha de los europeos. Las nacionalizaciones, la arabización y los conflictos de la década de 1990 acentuaron esa reducción.
Desde la década de 1980 se ha impuesto una nueva realidad: la llegada de estudiantes subsaharianos becados. Ahora, alrededor del 80% de nuestros fieles son estudiantes procedentes del África subsahariana: Uganda, Tanzania, Zimbabue, Mozambique, Angola…
Todas estas nacionalidades también suponen un reto lingüístico para nosotros, pero estamos felices de ser una Iglesia joven y dinámica.
ACN: ¿Cómo está compuesta actualmente su diócesis?
Mons. Guillaud: La Iglesia está presente en siete lugares en Argelia oriental, separados entre sí por más de 100 kilómetros -la diócesis abarca unos 110.000 km²-, y contamos con una decena de sacerdotes y otras tantas religiosas, pero no en todos estos lugares.
Esto nos obliga a redescubrir que una comunidad cristiana nace ante todo de la presencia de cristianos. A Bugía, por ejemplo, el sacerdote solo acude dos veces al mes, pero los fieles se reúnen cada semana para compartir las Escrituras. En ocasiones, los estudiantes recorren largas distancias, se quedan el fin de semana y comen juntos. La Iglesia se convierte entonces en un lugar familiar, fraternal y acogedor.
ACN: ¿Cómo reaccionan ante las peticiones de conversión de los lugareños?
Mons. Guillaud: Las autoridades están informadas y respetan la conciencia de cada uno, siempre que no hagamos proselitismo. Cuando recibimos una solicitud, actuamos con discernimiento, sin precipitarnos, velando por el bien de las personas y exigiendo un largo camino antes de un posible bautismo. A menudo, las dificultades suelen provenir más del entorno familiar que de las autoridades. Cambiar de tradición religiosa puede ser doloroso en una sociedad apegada a su legado.
ACN: ¿Cómo son sus relaciones con los protestantes?
Mons. Guillaud: En algunas de nuestras parroquias, los católicos son minoría. Puede ocurrir que no se celebre la eucaristía cada semana y que, en su lugar, ese tiempo se dedique a profundizar en la Biblia.
En Constantina, por ejemplo, tenemos una iglesia metodista con la que organizamos encuentros, especialmente en la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Todo ello favorece un ecumenismo concreto, centrado en lo esencial.
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