En un discurso a los representantes de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el abad Nikodemus Schnabel ofreció un relato crudo y profundamente personal de la frágil y cada vez menor presencia cristiana en Tierra Santa.
La imagen de Jerusalén como un vibrante corazón del cristianismo contrasta fuertemente con la realidad que experimentan hoy sus fieles. En una intervencion ante los directores nacionales y representantes de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el abad benedictino Nikodemus Schnabel describió la dificil situación de los cristianos en la región: una minoría «pequeña», diezmada por la guerra, las dificultades económicas, la incertidumbre y un éxodo constante
«Si crees que esto es un El Dorado del cristianismo, la realidad es diferente», dijo. «Todos los cristianos juntos son menos del 2%. Para nosotros, soñar con alcanzar el 5% o el 6% ya sería mucho. Pensad en las regiones más secularizadas de Europa, como la República Checa o Alemania Oriental; incluso allí los cristianos son muchas veces más numerosos que aquí», dijo.
Una Iglesia que se niega a tomar partido
En un contexto de creciente polarización, el abad insistió en la posición de la Iglesia local: «No somos ni pro-Israel ni pro-Palestina, sino pro-humanidad». Esta postura, explicó, refleja la realidad concreta de una Iglesia presente «en todos los lados»: con fieles en Israel, Cisjordania y Gaza, así como entre las comunidades migrantes.
Recordando los sucesos del 7 de octubre de 2023, habló de las cuidadoras migrantes católicos que fueron asesinadas tras negarse a abandonar a los ancianos que les habían sido confiados. «Se negaron», dijo. «Se quedaron con aquellos que les habían sido confiados». Para el abad, el testimonio refleja una actitud profundamente cristiana.
También recordó la misa fúnebre que siguió, donde la oración de los fieles comenzó con una petición primero por los que sufren en Gaza y luego por la conversión de los que responden a la violencia.
«Para mí, eso fue extraordinario», confesó. «Rezar por tus enemigos, eso es lo que significa ser cristiano aquí». «Entendían más sobre el Evangelio que muchos de nosotros», añadió el abad.
Ataques contra cristianos y denuncia del extremismo
En una de las partes más contundentes de su intervención, el abad también denunció la gran hostilidad hacia los cristianos por parte de grupos judíos extremistas. Describió episodios de acoso en las calles, vandalismo, ataques incendiarios, profanación y grafitis de odio. Según él, este fenómeno ya no puede considerarse marginal.
Schnabel señaló directamente a los sectores religiosos ultranacionalistas y criticó duramente la presencia en el Gobierno israelí de figuras que, según él, han legitimado o permitido ciertas actitudes. Al mismo tiempo, recalcó que esto no refleja una actitud general de todos los judíos israelíes y recordó que también existen grupos judíos que defienden activamente a las comunidades cristianas y denuncian estos abusos.
Su análisis fue igualmente crítico con lo que se conoce como «sionismo cristiano», por ser incompatible con el Evangelio cuando se utiliza para justificar la violencia, ignorar a los palestinos o guardar silencio sobre los ataques contra las comunidades cristianas.
Tierra Santa no puede convertirse en un museo sin creyentes
El testimonio del abad deja una imagen poderosa: una Iglesia casi invisible en número, pero inmensa en su significado espiritual y social. Una Iglesia que sostiene escuelas, hospitales y comunidades mucho más allá de su peso demográfico, y que actúa atravesando idiomas, ritos y fronteras.
Para ACN, su testimonio es un llamado a no acostumbrarse a la silenciosa desaparición de los cristianos de Tierra Santa. Porque sin comunidades cristianas vivas en Jerusalén, Belén o Nazaret, los lugares santos corren el riesgo de convertirse en símbolos vacíos, un patrimonio sin testigos.
Y porque, como el propio abad recordó: «No hay Anunciación sin Nazaret, ni Navidad sin Belén, ni Pascua sin Jerusalén».
Hoy, más que nunca, los cristianos de Tierra Santa necesitan no solo ser recordados, sino sostenidos. Tu ayuda puede marcar la diferencia para que estas comunidades permanezcan vivas, con esperanza y futuro en la tierra donde nació nuestra fe.
















