Siria: Primera Navidad en casa de los Ghattas

ACN.-  Preparar la llegada del Señor, llega la Navidad. Dios se hace hombre y viene a vivir entre nosotros. En el cielo hay fiesta, los ángeles cantan y gozan de la grandeza de su Señor. No así en la tierra. María y José van de posada en posada buscando un lugar donde María pueda dar a luz. Así nos lo presenta la tradición. Dios no tiene hogar donde nacer en la Tierra.

Como la Sagrada Familia, también la familia Ghattas ha vivido un peregrinar buscando posada, solo que la Navidad de Lina y Elias ha durado siete años, los que llevan intentando volver a su casa en la ciudad siria de Homs que en 2012 fue destruida por un mortero; el barrio ocupado por grupos armados. Elias y Lina iban de posada en posada, hasta que llamaron a la puerta de la iglesia local donde gracias a un programa de emergencia, financiado por la fundación Aid to the Church in Need, pudieron conseguir los fondos para vivir de alquiler.

En 2017 el vecindario fue liberado. Elias y Lina se apresuraron a visitar su hogar por primera vez después de cinco años.  Su casa era una ruina: no había puertas ni ventanas, los cables habían sido robado, las instalaciones sanitarias destrozadas…No podían pagar su alquiler mensual, ¿cómo podían siquiera soñar con la renovación de su antiguo hogar?

Han sido muchas Navidades poniendo el mismo deseo a los pies del Niño Redentor, delante de ese Dios que se hizo hombre entre los más pobres y necesitados.  Dios escucha las suplicas de su pueblo y gracias a personas de buena voluntad, de lugares muy distantes, que con su generosidad apoyan a las familias cristianas afectadas por la guerra, la familia Ghattas pasará este año sus primeras Navidades en casa.

Antes de la guerra tenían un gran árbol -“precioso” comenta Lina –  en su casa, este año el pequeño arbolito de Navidad que ahora luce encima de una mesita en la esquina del cuarto de estar es prestado. De hecho, en su nueva casa falta algo que no solo es material y nunca podrán recuperar: “Echamos de menos todos los recuerdos, como fotos de familia, memorias de los antepasados, regalos de otras celebraciones…” En casa de los Ghattas tampoco traerá nadie regalos, ni de Papa Noel, ni de los Reyes Magos o Santa Claus. Pero eso a Elias no le importa, en Navidad todo se centra alrededor de un Nacimiento. Y este año los Gahttas vivirán el milagro de la Navidad en primera persona: “Para mí, volver a  casa es como volver a nacer. No puedo describir mi felicidad. Después de tanto sufrimiento e incertidumbre  me siento de nuevo seguro. Tengo mucha esperanza en una vida mejor. Navidad me recuerda el calor de estar en familia”.

Un velo de tristeza cubre la felicidad del matrimonio cuando hablan de sus dos hijos. El más mayor de ellos probablemente no estará en Navidad en casa. “Estaba cumpliendo el servicio militar cuando comenzó la guerra en el 2011 y aunque antiguamente eran dos años de servicio, lleva más ocho años en el ejército. Nadie sabe cuándo volverá”. La buena noticia es que sigue vivo, no todos han tenido esa suerte. Su segundo hijo, Bashar, sufre el destino de otros muchos jóvenes en Siria, “una gran frustración por la falta de perspectivas, posibilidad de trabajo o proyección de futuro”.  Una situación todavía más difícil porque Bashar perdió un ojo cuando explotó la bomba de mortero al lado de su casa.

Lina sonríe dándose ánimos y cuenta: “En Nochebuena iremos a la iglesia. Allí cantaremos villancicos y rezaremos con todos los demás. Luego, volveremos a nuestro hogar y preparé el plato tradicional sirio, el Kebbeh,  que son unas albóndigas alargadas hechas de bulgur y carne picada. Nos sentaremos cerca de la estufa donde comeremos y brindaremos hasta entrada la noche.”

Uno de los brindis será para dar las gracias a todos esas personas que les han ayudado en su necesidad. Elias señala una piedra rectangular de color blanco que hay debajo del arbolito de Navidad donde se lee “Jesus is my rock“ (Jesús es mi roca, mi piedra angular) que la fundación ACN les dio en la ceremonia de bendición cuando comenzaron la reconstrucción. “No tenemos palabras para agradecerles, tanto a la fundación ACN como a todos aquellos que le apoyan. Nos han dado esperanza y  una nueva oportunidad en esta vida. Os deseamos de todo corazón que Dios os fortalezca y acompañe en vuestro empeño de seguir ayudando y sembrando esperanza entre los más necesitados.”

Lina afirma con la cabeza y luego añade: “Además, pediré  otros dos deseos que llevo en mi corazón. La paz para el mundo entero y que mi hijo regrese sano y salvo a casa”.

 

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